TRAMAS  SOCIALES  |  REVISTA  DEL  GABINETE  DE  ESTUDIOS  E  INVESTIGACIONES EN SOCIOLOGÍA (GEIS)

ISSN: 2683-8095

Nº 03 | Año 03 |Septiembre 2021

 

Precariedades en América Latina

pRECARIETIES IN LATIN AMÉRICA

Entrevista a Dasten Julián Vejar[1] por Francisco Favieri[2]

Páginas: 277-287

Dasten Julián Vejar es Doctor en Sociología por el Instituto de Sociología Friedrich-Schiller de la Universidad de Jena (Alemania). Investigador Adjunto del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile (UACh) y del Instituto de Sociedad, Trabajo y Políticas de la Universidad de Witwatersrand de Johanesburgo (Sudráfrica). Es investigador del Proyecto N°1200990 “Precariedades del trabajo en la Macrozona sur de Chile: Intersecciones, territorios y resistencias en las regiones del Maule, Ñuble, Biobío y La Araucanía" financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento y Desarrollo. Chile

 

Podemos ubicar sus temas de estudio en relación a las precariedades del trabajo y de la vida, economía, desarrollo y los extractivismos, los sindicatos en sus formas de organización y estrategias, la sociología latinoamericana y su papel en las sociedades a partir de una perspectiva del sur global. Hemos tenido la suerte de dialogar con Dasten haciendo referencia un poco a cada tema a partir de un eje disparador que nos convoca como los estudios del mundo del trabajo y en particular la precariedad laboral, asunto cuyas implicancias nos afectan como sociedad más de lo que podemos imaginar.

 

Empezamos con una pregunta “simple” ¿Qué es la precariedad laboral?

 

La precariedad laboral es un rasgo central para comprender la arquitectura de las sociedades salariales. Su principal característica es que se encuentra alojada en las relaciones de trabajo asalariado formales. A ello hace mención el sentido de “laboral”. La precariedad laboral ha sido entendida como una crisis o erosión del estatuto del empleo protegido y estable, el cual suponía un cierto conjunto de certezas, y también ciertas características sobre la valoración, reproducción y delimitación de la fuerza de trabajo en las sociedades capitalistas. Su emergencia está asociada a una “crisis” o shock en las economías industrializadas, las cuales sufrieron una pérdida en su estatuto de seguridad y protección social, lo cual introdujo la idea de “ajuste” o “restructuración”, siendo la base de un proceso de redefinición de las relaciones de poder y fuerza entre los actores sociales.

 

Sin embargo, la precariedad laboral ha cobrado una ramificación global, contando con expresiones múltiples, introduciéndose como una condición dinámica, híbrida y crítica en las condiciones de vida de la población a nivel mundial. La precariedad laboral es parte de una estrategia de ataque a las condiciones de vida y empleo, una competencia radicalizada y depredadora entre el capital por el abaratamiento de los costos de producción, lo cual tiene su peso sobre los ecosistemas, el cuerpo y el ser humano. En este sentido, hablar de precariedad laboral es hablar de una forma de nombrar las consecuencias de una manifestación y expresión desenfrenada del modelo de acumulación de capital, y de los impactos que ha tenido una racionalidad de gobierno por desapropiarnos del sentido de suficiencia y estabilidad en la vida.

 

La precariedad laboral se ha configurado alrededor de este sentido de pérdida, lo cual no necesariamente tiene sentido para las realidades latinoamericanas, y/o para las múltiples marcas con que cargan sus habitantes. Eso nos permite considerar con un carácter más propio y situado de “nuestras pérdidas”, las cuales son más bien de orden limitado a una esfera de la estructura ocupacional que contaba con cierta estabilidad en las décadas anteriores, pero que ve en la precarización laboral más bien la mimesis de procesos estructurales de debilitamiento y gubernamentalidad de mayor alcance histórico y complejidad. 

 

La precariedad laboral es, por tanto, una agenda de gobierno que se ha ido desplegando a través del mundo, y que combina “lo nuevo” y “lo viejo” como régimen de gobierno del trabajo. Ella va de la mano de una sociedad precarizada, de un trabajo precario (más allá del empleo) y de relaciones de indefensión inducidas socialmente. La precariedad nos ofrece una interesante puerta de entrada a entender una diversidad de expresiones y estructuras de la violencia, la subjetividad, el sentido, etc., por lo que nos introduce a pensar en las posibilidades de superación, resistencia y acción colectiva, pero también las maneras en que nos hemos adecuado a (sobre)vivir, sentir, experienciar, entender, etc., el mundo.

¿Cómo pensás que impacta la pandemia de COVID-19 en las múltiples expresiones de la precariedad que mencionas?

La pandemia es un ejercicio de comportamiento civilizatorio que exhibe los rasgos más descarnados de lo que ha sido y es la precariedad, en lo que respecta a la reproducción precaria de la vida, y a las violencias que se le encuentran asociadas. Con la pandemia muchas precariedades que estaban soterradas viviendo en una suerte de anonimato, de invisibilización social se han visibilizado en esa indefensión, no solo frente al virus (como la exposición al contagio o como una condición de negatividad bio-política de la vida), sino que más bien muestra las marcas, mucho más prácticas, de lo que es la postergación social y la crudeza de vivir bajo esas fronteras, bajo esos marcos, las llamadas vidas precarias.

La pandemia muestra también que no hay posibilidades de seguridad social y de garantía de derechos sociales en las sociedades latinoamericanas, que manejar o conducir una sociedad en base a la protección o al bienestar de su población está limitada por condiciones estructurarles y decisiones políticas que durante la última década se han visto restringidas y mercantilizadas (como las garantías universales de derecho). Por ello, lo que viene a aflorar en la pandemia es este límite, entre lo que son las condiciones de seguridad y de garantía que ofrecen los estados y los medios que utiliza para ello ante las necesidades concretas de las personas., y a la vez, la actividad desenfrenada del mercado para coordinar y expoliar a diversas poblaciones.

Ahora bien, ¿cuáles son esos medios? En definitiva, son el encierro, la clausura de los lugares de reunión, la interposición de un nuevo estado de excepción, y en muchos países, como en Brasil, por ejemplo, se trata de desconocer la enfermedad y de mantener funcionando la economía. En otros casos como en Paraguay vemos un sistema de salud desbordado sin la infraestructura para resguardar a su población, dando cuentas de cómo el modelo de desarrollo se ha comportado y construido en base al abandono del rol de garantizar la salud, y de cómo un nuevo ciclo de rebeliones populares comienza a cobrar forma en el continente.

¿Qué nos queda como trabajadores y trabajadoras frente a esta situación de pandemia? ¿Y qué alternativas podemos encontrar para resistir a la precariedad? Hay un artículo muy movilizador de Mariana Baratini sobre el trabajo precario y las posibilidades de organización[3] donde recurre a un debate en relación al tiempo como forma de resistencia a la precariedad…

Lo que hemos podido identificar en nuestras investigaciones junto con el Grupo de Estudios del Trabajo desde el Sur, es que la precariedad se resiste y se combate. Se vive y se persiste en precariedad, hay asociatividades, una comunalidad, y un tejido que también está presente (y es anterior a la pandemia) y que ha tendido a dinamizarse a través de redes de apoyos tanto familiares, de amistades y de diferentes vínculos que recrean la memoria, el sentido, el trabajo y la cultura. Como lo señalaba Mariana Barattini hace ya una década, la organización en precariedad es posible y se está ejercitando.

De conjunto, todas estas expresiones y experiencias han ido cobrando en la actualidad nuevas manifestaciones. La precariedad no se aloja en una condición individual, sino que más bien tiene un carácter colectivo, el cual descansa en regímenes político-económicos centrados en la precarización como factor de “desarrollo”, y en donde la desigualdad y la concentración del poder tiene un rol protagónico. Ello da forma a condiciones de vida y subjetividades que desafían la definición neoliberal de democracia, y que hoy, como un gran magma social, se expresan en verdaderas rebeliones populares.

Con respecto a las alternativas, aparecen distintos ejemplos. En relación al control del tiempo, a nivel global se discuten algunas cuestiones que tienen que ver más bien con la redistribución de los tiempos de trabajo, redistribución del trabajo total, límite de jornadas laborales, etc., en el sentido de una sociedad que ha estado fundada en el crecimiento y en base a esa dinámica de las sociedades, como las europeas, que están pensando ahora desde el decrecimiento, que es una de las alternativas que se manejan en estas latitudes.

En América Latina asistimos a un debate centrado en la vital relevancia de la valorización del trabajo de cuidados, los roles de género y la renta universal básica. Los feminismos y la decolonialidad han sido muy importantes en este sentido. A la vez, las discusiones que se han llevado a cabo por los movimientos sociales y ecológicos, y la sabiduría y saberes de los pueblos originarios, ponen en tela de juicio el modelo de crecimiento económico capitalista. El extractivismo no ha se ha detenido como máquina de depredación en la pandemia. Enfrentamos una crisis compleja de la vida en su conjunto, lo cual vuelve aún más precaria la existencia.

Mientras que, por otra parte, tenemos discusiones sobre las políticas redistributivas, en las cuales existen algunas experiencias que intentan dilucidar esta tensión entre extracción, despojo y redistribución. En Nueva Zelanda hay una reforma tributaria, un 39%[4] de impuesto a las grandes riquezas, mientras que nuestras sociedades viven con tasas de impuestos muy bajas a esos sectores, vergonzosas. Entonces hay medidas políticas que, al día de hoy, son de carácter urgente y lo exige el momento histórico.

Hay cuestiones que obviamente requieren de una redefinición y un reagrupamiento colectivo, un re-entendernos socialmente. El significado y ejercicio de lo precario, más bien en su complejidad, afecta de manera múltiple a diversos conjuntos de personas, a grupos, a colectividades y poblaciones, las cuales, políticamente, están alcanzado una significativa resonancia social. Ahí, creo que hay proyectos que se están desarrollando, se están gestando y buscan cierta convergencia, cierta unidad en diferencia, para instituir su poder. Los trabajadores y las trabajadoras que hoy están siendo atacados y atacadas a través de la pandemia, por lo mismo, también forman parte de los actores de esta potencial convergencia.

Además, las organizaciones, tales como las sindicales, se están viendo afectadas a través del desempleo, el teletrabajo, etc., y al no contar con recursos de poder significativos, ven erosionada su posición en el conjunto de la sociedad. Creo que las alternativas van a pasar mucho por la articulación de estas alianzas, de múltiples sectores sociales que vienen sufriendo y padeciendo las consecuencias de este modelo de precarización social de la vida, así como por la activación de las redes de asociatividad en términos de dirección política sobre cómo cambiar estas condiciones de precariedad o precarización social. Es la generación de una nueva inteligencia subversiva.

La alternativa viene con el colectivo, con la organización colectiva y la articulación entre quienes estamos precarizados y precarizadas.

Yo creo que viene “desde abajo”, es un proceso de tejer popularmente, de tejer socialmente desde lo que ha sido entendido como subalterno. Creo el desarrollo de alternativas pasa más bien por reconocer las múltiples identidades y vidas que están atadas, unidas o enlazadas en la precariedad, y que, en el caso del trabajo más allá de lo propiamente salarial, nos permite mirar el carácter complejo de las configuraciones sociales latinoamericanas. América Latina no cuenta con una identidad homogénea, y más bien se caracteriza por una heterogeneidad a nivel geográfico y sociocultural. Son múltiples pueblos y culturas las que se han visto sujetados por concepciones nacionales y coloniales.  Modelos de dominación que han fijado a la precariedad como una condición biográfica e intergeneracional, y nos permiten también avanzar en el plano de la política de la urgencia, de la necesidad, del hoy, y de la necesidad que tienen y que tenemos de persistir socialmente. Por eso no es algo que viene ensayado, algo que viene como formulado, sino más bien es un campo de experimentación, de ensayo y error.

Lo que es el ahora, lo que es ya, la urgencia... vivimos en urgencia y de alguna manera estás planteando que lograr estas articulaciones como llave alternativa a la vida precaria nos puede ayudar a ver un poco más allá de lo inmediato…

Yo creo que, si tuviese que hablar de una temporalidad de lo precario, de lo efímero, lo que se desaparece, lo que no tiene estabilidad, estaríamos dando cuenta de un componente que describe un gran margen de la población que, hoy en día no tiene certidumbre, no puede proyectar en realidad en un plano del futuro. Su imaginación con respecto al futuro está limitada por condiciones estructurales, materiales, simbólicas y políticas del hoy y también por una forma en la que se han configurado y se ha materializado en su propia biografía el futuro.

Así también prevalece una manera de recrear un sentido del tiempo que está en lo precario, que está en lo que se difumina, que está en lo que desaparece, no yéndonos a la liquidez de una sociedad del riesgo y su crisis, sino como algo que efectivamente, a los tiempos en los que nos toca vivir, son los tiempos de urgencia, en un sentido ecológico, de supervivencia de nuestras ciudades, entornos y ecosistemas, e incluso de las poblaciones mucho más vulneradas y golpeadas por la misma pandemia, como también por el modelo y las políticas neoliberales que nos exigen y demandan una creatividad que se haga cargo hoy, no mañana de esta ola de precarización.

Cuando Erik Olin Wright hablaba de estas utopías reales[5], hablaba también de cómo formular creativamente, activamente y colectivamente, asociativamente, estas maneras de respondernos hoy, y eso que está de hecho, que está sucediendo mientras pensamos. Esto no es una invención de Erik Olin Wright, también está pasando asincrónicamente, ya que estamos hablando del tiempo, es parte de la múltiple guerra que esta desatada contra la sociedad, entonces, la sociedad hoy está reaccionando, está activando su propia manera de responder y apropiándose ya tecnológicamente de esta precariedad, está reaccionando políticamente a ella, pero es a su vez está fundada en una gran carencia. Me refiero al nivel de estas alianzas de las que hablamos anteriormente, las que requieren de nuevas formas y también de que quienes tienen el comportamiento político, quienes desde ese rol, sostengan una sensibilidad, una proximidad, una apertura a entender que los tiempos son de urgencia y no de esa tecnología individual, neoliberal y también por qué no decirlo, egoísta y narcisista que ha primado en todos los campos sociales, no solo en el empleo, sino que también en la reproducción de estas subjetividades.

Es un desafío muy grande, es un desafío enorme porque también involucra una revolución cultural y social en el sentido más amplio del término. Y yo creo que quienes están más próximas a los cambios que se están desarrollando en esa dimensión son los movimientos feministas que están mostrando una apertura muy significativa a romper con esos moldes que están asociados a una dinámica patriarcal de configurar las sociedades, como ocurre en las sociedades latinoamericanas, y ahí no es sólo formulación teórica es también un campo de prácticas de las cuales es muy importante ir aprendiendo.

Por otra parte, y también muy de la mano, están los movimientos de los pueblos originarios de América Latina, que también han llevado a cabo una fractura fundacional, en cuanto a cómo comprender este sentido de una economía que tiende a estar enfocada en la producción o enfocada también a lógicas de subordinación estructurales y fundadas también en la industrialización como motor del desarrollo. Su posición, historia y situación en un orden colonial, así como sus propias cosmovisiones son lugares de alternativas complejas, múltiples y sustentables para la vida. Entonces estamos viviendo varias rupturas con esos patrones políticos que antes condensaban también el campo de las alternativas y que proyectan nuevos actores, y nuevas propuestas, soluciones y luchas.

¿Y qué sucede con los partidos políticos y los sindicatos en relación a lo disruptivo? ¿Cómo se posicionan frente a la precariedad? ¿Son disruptivos?

En Chile, los sindicatos han sido como una correa de transmisión de los partidos políticos, como una suerte de silla musical. Durante los años noventa hubo una transición a la democracia donde las principales direcciones de la principal central de trabajadores, estaban asociadas al Partido Demócrata Cristiano y se cumplía un rol de subordinación al gobierno y a las políticas que se implementaban durante esa década.

La siguiente década, del 2000 al 2010, ocurre un cambio en las direcciones y pasa a ser presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) Arturo Martínez -militante socialista- y como presidente del país, tuvimos primero a Ricardo Lagos en la presidencia (2000-2006) y luego a Michel Bachelet (2006-2010) en su primera presidencia, ambos son militantes socialistas también, entonces se produce una simbiosis entre el movimiento sindical y quienes estaban en el gobierno. Luego en 2010 la derecha toma el poder en Chile y las organizaciones tienen libertad para girar a la izquierda y hay un cambio en las cúpulas sindicales, también en la política y en el discurso.

En este marco, fue conocido a nivel global el movimiento por la educación, por la desprivatización de la educación superior y ahí el movimiento sindical gira hacia el Partido Comunista que avanza hacia la izquierda y empieza a pasar lo que yo llamé el movimiento pendular del sindicalismo en Chile[6]. Según va cambiando va cambiando el gobierno, el sindicalismo se va moviendo como un péndulo, si el gobierno es de derecha el sindicalismo gira a la izquierda, si el gobierno es de concertación o de centro, el sindicalismo vuelve a ocupar posiciones de comodidad política.

Por ello, el sindicato ha perdido su potencia en tanto ha sacrificado su autonomía a nivel de las cúpulas, pero lo que pasa molecularmente en diferentes espacios de trabajo, en múltiples sectores es completamente distinto. Hay procesos muy disruptivos que están mostrando caminos alternativos a esta gran concentración de poderes y estas alianzas, las cuales se habían tejido como parte del consenso neoliberal. Hoy en día estos procesos permiten evidenciar de que se figuran alternativas entre esta relación partidos y sindicatos. Sin embargo, la manera en que los sindicatos (las principales centrales) han lidiado con esta crisis del sistema político, es decir con la crisis del sistema de partidos, es muy variada ya que también hay militancias políticas detrás.

En ese sentido, las organizaciones como partidos son las que están en cuestión. Entonces, considerando la relación histórica en Chile entre sindicato/partidos, los sindicatos se ven sujetos a una pérdida de credibilidad, no solo en el plano público sino también en el plano interno, el de sus afiliados y afiliadas, eso es muy complejo. Por otra parte, las alternativas partidarias cuentan con dificultades para incidir en el espacio sindical, y la germinación de alternativas sociales es lenta y a una escala geográfica que difícilmente alcanza el plano nacional. De todas formas, en el mundo sindical si existen alternativas con respecto a cómo lidiar políticamente con lo que significa ser un sindicato y una organización de trabajadores/as en estos tiempos de precarización sistémica. Esto ha tomado la forma de movimientos sociales y de una práctica movimientista en alianza con otros actores sociales, con una re-significación práctica de lo que implica ser clase en un sentido histórico.

Sin embargo, las organizaciones sindicales no han alcanzado una incidencia y participación en la Convención Constituyente. Sus representantes no lograron contar con ningún escaño, y han quedado fuera del espacio que definirá la nueva Constitución del país. Esto muestra la debilidad, falta de incidencia y la carencia de legitimidad de las organizaciones sindicales en la generación de alternativas al proceso de precarización. Mientras la participación de mujeres, las organizaciones ecologistas y los pueblos originarios marcan la agenda de trabajo, todo muestra que son más bien nuevos repertorios, por llamarlos así, los que deben entretejerse en el plano sindical para desafiar esta dimensión societal de la precariedad.

Es importante decir que también se han creado algunos partidos como el Partido de los Trabajadores que tiene su símil en Argentina, pero no cuentan con una base social muy amplia. Más bien lo que se evidencia es cómo las organizaciones más disruptivas o que desafían mucho más estos consensos neoliberales al final ni siquiera requieren organizarse como sindicato, lo cual es similar a lo que viene proponiendo y observando Mauricio Atzeni en Argentina[7]. Esto en el sentido de cómo no es necesariamente el sindicato hoy día quien va a ser la forma organizativa por antonomasia que va a canalizar gran parte de la densidad y la magnitud que tiene lo precario en la clase trabajadora.

Con todo lo anterior, primero ¿es urgente entonces un estudio sobre la precariedad en la región hoy? Y segundo ¿Qué puede aportar nuestra disciplina?

Desde mi punto de vista no creo que tenga como una pretensión normativa para el resto del campo, de que debería dedicarse a esta temática o no, pero creo que sí, que la precariedad es un tema de urgencia, como ya lo había destacado y es un tema de urgencia para la salud de las sociedades latinoamericanas, en el sentido de la salud como un espectro mucho más amplio que el referido a la biopolítica, a la bioseguridad -no en términos higienistas- de la salud, sino en el sentido de la forma en que estamos habitando, de la forma en que estamos viviendo, de la forma en que nos hemos relacionado colectivamente y de lo que se auspicia como el futuro de nuestras sociedades.

La urgencia de estudiar la precariedad trata del conjunto de relaciones de poder que están modelando nuestra manera de entender y de vivir en el presente, de un conjunto de rasgos que se están volviendo como normalizables, o sea, se han vuelto normalizados en las sociedades latinoamericanas y que han puesto a muchos sujetos y a muchas sujetas en condiciones de pauperidad, de marginalidad y de estigmatización, de padecimiento, de sufrimiento, de segregación, y que requieren que la disciplina sociológica comience a problematizar ciertos dispositivos que son reproducidos como fatalidades ¿No existe acaso una alternativa a los mismos? ¿No existen quizás maneras alternas de poder llevar a cabo lo que se ha definido como desarrollo? ¿Lo dejamos en el terreno de lo económico, de las ingenierías al futuro de la arquitectura de las sociedades latinoamericanas?

Creo que la agenda de los estudios de la precariedad pasa por esa articulación y esa vinculación sensible, activa y también militante del conocimiento, con un compromiso y con una búsqueda también del encuentro con quienes hoy día padecen y sufren las consecuencias de la precarización social. Los aportes que puede realizar la sociología en este en este sentido, son múltiples, van desde la desde la visibilización de las condiciones de precariedad en que viven muchas poblaciones, en las formas en que se están modelando muchos territorios o en la manera en que se está apropiando esta fuerza brutal al redibujar las relaciones sociales, hasta también proponer medidas en términos de políticas de urgencia, de políticas vitales, sociales y públicas que llamen al cambio de estas circunstancias.

También nos convoca a ser portavoces, promotores/as o activadores/as de estos procesos asociativos de los cuales conversamos anteriormente, hasta también de vivir en el debate público, de marcar o apuntalar una agenda también con el conocimiento que se está generando y que requiere de la articulación con públicos diversos. Esta manera de hacer disciplina, de hacer sociología no es nueva, no es algo que se no se nos ocurra o venga, ahora como una gran novedad, es parte, yo creo, de una tradición intelectual que ha recorrido y marcado a nuestra disciplina y que es necesario conectarla, o sea, reconectarse con ella como está ocurriendo en diversos lugares del llamado Sur Global.

Hoy hay una suerte de pérdida de ese lazo histórico con una tradición que impulsó este vínculo entre la sociedad, el conocimiento entre los seres y los múltiples saberes en lo que pueden ser las ciencias. Entonces, la agenda de investigación con respecto a las precariedades busca poner nuevamente esto en el centro y avanzar hacia cambios sociales para generar un mejor bienestar, una mejor forma de vida para nuestras sociedades.



[1] Correo electrónico: dasten@gmail.com

[2] Becario posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Docente de la Universidad Nacional de San Juan. Dr. en Ciencias Sociales (UNCUYO). Lic. y Prof. en Sociología (UNSJ). Correo: franciscofavieri@gmail.com

[3] Nos referimos a: Mariana Barattini, «El trabajo precario en la era de la globalización», Polis [En línea], 24 | 2009, Publicado el 28 abril 2012, consultado el 28 julio 2021. URL: http://journals.openedition.org/polis/1071

[4] Ver https://www.elmundo.es/economia/2021/03/31/606456a6fdddffdf0d8b4694.html

[5] Para ampliar sobre el tema, recomendamos la nota publicada en Diálogo Global “Utopías reales para una Sociología Global” por Erik Olin Wright en 2011 (3-5); visitar: http://globaldialogue.isa-sociology.org/wp-content/uploads/2013/07/v1i5-spanish.pdf

[6] Para ampliar sobre este tema, visitar: Julián-Vejar, Dasten. (2020). Transformación y bifurcación de las trayectorias sindicales en Chile. La "reforma laboral" y el escenario sindical (2014 - 2016). Izquierdas49, 86. Epub 10 de marzo de 2021.https://dx.doi.org/10.4067/s0718-50492020000100286

[7] Recomendamos la lectura de: Atzeni, M. (2016), Beyond trade unions’ strategy? The social construction of precarious workers organizing in the city of Buenos Aires,Labor History, Vol. 57, Iss. 2