TRAMAS SOCIALES Vol. 03 | Revista del Gabinete de Estudios e Investigaciones en Sociología (GEIS)
ISSN: 2683-8095 | http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/tramassociales. Año 03 , Octubre 2023
Pizarro, T. M. / Sin gafas violetas. Reexiones sobre la presencia inferida de las mujeres en las políticas sociales | 48-67
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sencia inferida de las muJeres en las políticas
sociales
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Pizarro, Tatiana Marisel
Universidad Nacional de San Juan
Resumen
Realizamos una exploración teórica acerca de la concepción de la ciudadanía
de las mujeres y su presencia en las políticas sociales. Nos centramos
entonces en el modo en que los Estados expresan la necesidad de proteger
y promover los derechos de toda la ciudadanía; pero, particularmente, en
lo referido a las mujeres. Para lograrlo, hacemos un planteo epistemológico
e, incluso, ontológico sobre las realidades de las mujeres. Ante esto,
dividimos el capítulo en tres partes. En la primera realizamos un recorrido
por la conceptualización de ciudadanía femenina. En la segunda parte,
hacemos un desarrollo conceptual de lo que distintos/as autores/as
denominan política social. Finalmente, en base a los apartados previos,
realizamos un breve recorrido por el sistema previsional argentino, con el
propósito de mostrar como ejemplo de políticas sin perspectiva de género
al Plan de Inclusión Previsional, devenido luego en la Pensión Universal
por el Adulto Mayor, debido a la externalidad positiva de estas medidas en
función a la realidad de las mujeres y la equidad de género.
Recepción: : 04/03/2021
Aceptación: 08/04/2021
Doctora en Ciencias Sociales en la
Universidad Nacional de Cuyo, Licenciada
en Comunicación Social por la UNSJ,
Diplomada en Ciencias Sociales con
mención en Género y Políticas Públicas
por el Programa Regional de Formación en
Género y Políticas Públicas con la Facultad
Latinoamericana de Ciencias Sociales,
Especialista en Epistemologías del Sur por
el Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales y el Centro de Estudos Sociais de
la Universidade de Coimbra, Magíster en
Políticas Sociales en la Universidad de San
Juan, Especialista en Políticas Públicas
y Justicia de Género por FLACSO Brasil.
Actualmente es becaria posdoctoral del
CONICET e investigadora del Instituto
de Investigaciones Socioeconómicas de la
UNSJ.
tatianamariselpizarro@gmail.com
Políticas sociales; perspectiva de género;
ciudadanía femenina; mujeres
Palabras claves
TRAMAS SOCIALES Vol. 03 | Revista del Gabinete de Estudios e Investigaciones en Sociología (GEIS)
ISSN: 2683-8095 | http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/tramassociales. Año 03 , Octubre 2023
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men in social policies
Abstract
We carry out a theoretical exploration about the conception of women’s
citizenship and its presence in social policies. We then focus on the way
in which States express the need to protect and promote the rights of all
citizens; particularly with regard to women. To achieve this, we make an
epistemological and even ontological approach to the realities of women.
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a tour of the conceptualization of female citizenship. In the second part,
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policy. Finally, based on the previous sections, we made a brief tour of
the Argentine social security system, with the purpose of showing as
examples of policies without a gender perspective the Plan de Inclusión
Previsional and the Pensión Universal por el Adulto Mayor, due to the
positive externality of these measures for equity, the situation of women
and gender equity.
Pizarro, T. M. (2023).
Sin gafas violetas. Reexiones sobre la
presencia inferida de las mujeres en las
políticas sociales. Revista Tramas Sociales.
http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/
tramassociales
Social policies; gender perspective; female
citizenship; women
Keywords
Para citar este artículo
Pizarro, T. M. / Sin gafas violetas. Reexiones sobre la presencia inferida de las mujeres en las políticas sociales | 48-67

TRAMAS SOCIALES Vol. 03 | Revista del Gabinete de Estudios e Investigaciones en Sociología (GEIS)
ISSN: 2683-8095 | http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/tramassociales. Año 03 , Octubre 2023
1. Introducción

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que es. Su existencia es casi axiomática: siempre hay política social, del mismo modo que siempre hay Estado (Danani, 2009,


política social a política contra la pobreza” (Danani, 2009, p. 33). En cada sociedad, las intervenciones sociales del Estado
“amparan” grupos, cobijan sus intereses; a través de acciones institucionalizadas, producen sus condiciones de vida y de

de una perspectiva de género en las políticas sociales: la toma en consideración por parte del Estado de las realidades de las
mujeres a la hora de crear medidas.
Ante esto, trabajaremos sobre la hipótesis de lo imperioso que es para el Estado adoptar una perspectiva de género en la
observación y creación de las políticas sociales, ya que hacerlo permitiría mostrar esos lugares comunes -y naturalizados-
ocupados por mujeres y varones dentro de nuestra sociedad; asimismo, motivaría el cuestionamiento acerca de las
asimetrías de poder que mencionaremos en el artículo. Para esto, es preciso hacer alusión a la transversalización de género
como mecanismo que permita acometer contra las desigualdades políticas, económicas, sociales que tengan como factor

políticas sociales desde una perspectiva de género.
Este artículo se divide en tres segmentos. En el primero nos enfocamos en la conceptualización de ciudadanía femenina. En
el segundo, realizamos un desarrollo conceptual de lo que distintos/as autores/as denominan política social. Finalmente, con
base en los apartados previos, realizamos un breve recorrido por el sistema previsional argentino, con el propósito de mostrar
como ejemplo de políticas sin perspectiva de género al Plan de Inclusión Previsional, por lo que también se hará una breve
alusión a la Pensión Universal por el Adulto Mayor, debido a la externalidad positiva de estas medidas para las realidades de
las mujeres y la equidad de género.

bajo esta perspectiva analítica, resulta de gran interés puntualizar la presencia de las mujeres en el Sistema Previsional
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Pizarro, T. M. / Sin gafas violetas. Reexiones sobre la presencia inferida de las mujeres en las políticas sociales | 48-67

a este artículo devienen de un análisis teórico-crítico, que pretende ser la llave para abrir nuevos debates sobre el


Por décadas, la conceptualización de género estuvo íntimamente relacionada con lo biológico. El cambio estuvo dado a partir
de las décadas del ‘60 y ‘70, cuando diversas investigaciones demostraron que esa correlación no existía. En 1972, por ejemplo,
la socióloga feminista Ann Oakley explicó que lo sexual era uno de los rasgos que permitía diferenciarnos, más no era un
aspecto biológico estático. Por lo contrario, podía ser cambiante por diversas causas –desde políticas a socioculturales-
(Ariño, 2013). Al respecto, Joan Scott (1997) menciona al género como una forma de comprender socioculturalmente aquellas
diferencias sexuales entre varones y mujeres. Para la autora es en el género donde se dan las relaciones de poder, basadas en
la distribución de lo material y lo simbólico.
En sí, el concepto género ha tenido –y tiene- un abordaje académico amplio, diverso y político. En este sentido, nos interesa
el desarrollo teórico propuesto por Butler (1990), que ve en el género una forma de existir el propio cuerpo –un constructo
meramente cultural-, por Joan Scott (1992), que lo postula como parte de las relaciones sociales –y, por ende, del poder- y
por Pateman (1996), quien se centra en las subordinaciones existentes en la vida social, económica y política a partir de la

que van más allá de las subjetividades, sino que están dados por lo natural que deriva de lo sexual-biológico. Es la sociedad
patriarcal y androcéntrica la que reproduce esta forma de concebir la realidad, en la que “el origen de tales diferencias en los
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inevitable a partir del sexo de cada quien” (Naranjo, 2002, p. 23).
La explicación respecto al género que conlleva a la arbitrariedad de la naturaleza y a la biologización es propia del patriarcado.
Fue por esto por lo que en las décadas del 60 y 70, los distintos movimientos feministas buscaron diferenciar/separar al
binomio sexo-género, táctica que permitió subrayar los reduccionismos biologicistas que surgían como consecuencia de
asignársele a las mujeres determinados roles sociales y a los varones, otros. Es decir, diferenciar al género del sexo permitió
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en la sociedad, que no fue más que estipulada por constructos culturales impuestos. En este sentido, la antropóloga Gayle
Rubin explica que el binomio sexo-género es “el conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad
biológica en productos de la actividad humana, y en el cual se satisfacen esas necesidades humanas transformadas” (1975, p.
97).
En esta línea, se puede interpretar que el género es la arena de lucha sobre la que se dan las contiendas políticas acerca del

sus roles sociales construidos, determinados por su papel dentro de la historia, es preciso situar al concepto género lejos de
lo relacionado a lo sexo-biológico (Haraway, 1995, p. 227).
Estas diferencias construidas -y jerarquizadas- socialmente permiten presentar a las relaciones de género como relaciones
de poder, en las que los varones tienen un acceso directo a éste; mientras que, en el caso de las mujeres, se encuentra limitado.
Tanto hombres como mujeres viven el poder de un modo distinto, lo que también establece las propias identidades genéricas

TRAMAS SOCIALES Vol. 03 | Revista del Gabinete de Estudios e Investigaciones en Sociología (GEIS)
ISSN: 2683-8095 | http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/tramassociales. Año 03 , Octubre 2023
Pizarro, T. M. / Sin gafas violetas. Reexiones sobre la presencia inferida de las mujeres en las políticas sociales | 48-67
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TRAMAS SOCIALES Vol. 03 | Revista del Gabinete de Estudios e Investigaciones en Sociología (GEIS)
ISSN: 2683-8095 | http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/tramassociales. Año 03 , Octubre 2023
femenino y lo masculino. Por esto, es importante realizar un análisis que amplíe la visión de lo político , al enmarcar aspectos
que aborden temas que se ubican dentro de aquello que es invisible, privado e íntimo.
En efecto, durante siglos, se habló en términos de naturaleza femenina para demostrar una supuesta incapacidad de las

eran consideradas la excepción, no la regla. Pero, a su vez, la misma naturaleza mostraba a los varones carentes de la capacidad
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-y son- parte de las tensas relaciones de poder , que no fueron abordadas como un problema de interés social, sino que los
diversos movimientos feministas los han puesto en la agenda mediática y/o política.
Es importante mencionar que las concepciones creadas con relación a lo que se entiende como desigualdad de género

privado; lo que conlleva a ser un tópico excluido del abordaje estatal (Bacchi, 1999). Es necesario subrayar esto, ya que con esta
interpretación se puede inferir que, en contrapartida, lo masculino hace referencia al desarrollo social, lejos de aquello que
ocurre al interior del ámbito privado del hogar.
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términos de inequidad . La desigualdad puede observarse en distintos ámbitos: los escasos puestos de liderazgos ocupados
por mujeres, los menores registros de la presencia femenina en el mercado de trabajo formal directamente relacionados con
la llamada feminización de la pobreza, etcétera. Esta situación también es trasladable a la esfera privada del hogar, en la que
la desigualdad está enraizada en la distribución inequitativa de las tareas domésticas y de cuidado, arraigadas en estructuras
que señalan que son responsabilidad de las mujeres, sólo por su género.
La condición social de la mujer en la actualidad no la ha ubicado muy lejos del modelo patriarcal imperante, a quien se le
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grupo. Este trabajo no remunerado parece estar bajo un manto de invisibilidad en el reconocimiento del ámbito económico
por la concepción errónea de sólo pertenecer al carácter privado de las relaciones familiares (Antonopoulos et al, 2007, p. 243).
A propósito de esto, es oportuno preguntarnos y analizar cómo las identidades de género –y la interpretación de éstas- son
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es el caso de su inclusión en las políticas sociales. En otras palabras, la transformación de esta situación depende de la
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capaces de resolver asuntos políticos; por lo que, es preciso no sólo erradicar estas naturalizaciones, sino que las mismas
políticas tengan entre sus objetivos dispositivos que lo realicen (Nott y Kylie, 2000).
1. 1. Ciudadanas sin ciudadanía
Acerca del ser mujer, Simone de Beauvoir (1949) postulaba que no se trata de un designio biológico, sino que es la sociedad la
que crea a un ser intermedio entre lo que representa el macho y aquello castrado que alude a lo femenino.
Estas relaciones de poder entre los géneros derivan de acuerdos gestados en instituciones sociales como el hogar, el mercado,
el Estado y la comunidad, los cuales proporcionan a los hombres, más que a las mujeres, una mayor capacidad para movilizar
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Pizarro, T. M. / Sin gafas violetas. Reexiones sobre la presencia inferida de las mujeres en las políticas sociales | 48-67
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TRAMAS SOCIALES Vol. 03 | Revista del Gabinete de Estudios e Investigaciones en Sociología (GEIS)
ISSN: 2683-8095 | http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/tramassociales. Año 03 , Octubre 2023
gozan, en términos generales, de un mayor acceso a los puestos políticos o a la tierra, una mayor movilidad física, menos
responsabilidades asociadas al autocuidado o cuidado de las personas, una posición privilegiada en términos de control de
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Ser mujer no es sólo una categoría descriptiva, es un modo de vida, es desigualdad simbólica, económica, política,
normativa, cultural y social. Por esto, es importante ver al género, en sí, como una categoría que nos permite hacer visibles
las desigualdades entre los hombres y mujeres, interpretar esas diferencias e incluso entender por qué el poder se distribuye
inequitativamente entre los géneros.
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economistas Rania Antonopoulos y Francisco Cos-Montiel, –con su interpretación sociopolítica del desarrollo como proceso
cultural, político y económico-, analizan esta situación desde la perspectiva de las desigualdades entre mujeres y hombres
derivadas de la división sexual del trabajo. Respecto a éstas, plantean que no son cuestionadas, sino que se las comprende
como resultado de una organización natural de las funciones sociales. De hecho, exponen que las políticas sociales son
formuladas de acuerdo con el modelo de familia nuclear, en el que la mujer toma un rol pasivo dentro de ese desarrollo,
debido a que no se la ve más allá de su papel reproductivo y de cuidadora (Antonopoulos et al., 2007, p. 234).
Ante este análisis, María Elena Valenzuela y Claudia Mora (2009) presentan a la mujer como un sujeto que convive –o
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dominaciones y discriminaciones de las sociedades latinoamericanas -en especial, aquellas referidas al género- (Bareiro,
1997, p. 3).
El Estado es la institución que cuenta con el poder para que la sociedad cumpla lo que disponen sus dirigentes. Históricamente,
bajo sus diversas formas, han sido las mujeres quienes han estado en situaciones de subordinación, en las que el poder era
ejercido sobre ellas. En este punto es en el que radica la desigualdad mencionada, en la existencia de privilegios que los
diversos colectivos tienen en la sociedad y el Estado; en otras palabras, en la comunidad política (Bareiro, 1997).
A pesar del paso del tiempo, esta inequidad poco cambió para las mujeres en función a su rol dentro de la sociedad. De hecho,
la antropóloga María Carolina Feitó (2004) plantea que, si se hace un paralelismo entre
una determinada concepción de la historia de la humanidad, de las relaciones entre hombre y la naturaleza, asumiendo al
mismo tiempo un modelo implícito de sociedad considerado como universalmente válido y deseable”, se puede inferir que
muy lejos está la mujer de alcanzar eso que es “válido y deseable. (p. 5)
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sociedades de intervenir en el poder político y, en simultáneo, a ser intervenidas (Bareiro, 1997).
En este sentido, es preciso traer a colación a la postura de la feminista Chandra Mohanty, respecto al modo en que es
construida la mujer como un compuesto cultural e ideológico mediante distintos discursos de representación sobre cómo
son las mujeres reales –con sus propias historias-. Es en este punto en el que la autora pone especial énfasis en aquellos
discursos que “colonizan de forma discursiva las heterogeneidades materiales e históricas de las vidas de las mujeres en el
Tercer Mundo (Mohanty, 2008, p. 11).
De este modo, la llamada ciudadanía de las mujeres ha sido desarrollada en contraposición al concepto universal de ciudadanía
Pizarro, T. M. / Sin gafas violetas. Reexiones sobre la presencia inferida de las mujeres en las políticas sociales | 48-67
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planteado por varones, para ellos mismos y que excluye a las mujeres. Por décadas, han sido las distintas agrupaciones
feministas las que se han opuesto y luchado contra esa masculinización que sufren las mujeres ante la necesidad de ganar más
derechos y espacios dentro de un sistema patriarcal –la Conferencia Mundial sobre Población y Desarrollo, la IV Conferencia
Mundial sobre la Mujer, son ejemplos claves de las exposiciones sobre esta situación-.
En esta línea, la politóloga Mary Dietz (2001) plantea que el eje de los cuestionamientos de las feministas debe estar focalizado
en quién y cómo se toman las decisiones; interpelar y comprender a la ciudadanía como un bien en sí mismo y como un

escasa y a fuerza de leyes de cupo en el caso del ámbito político- ha permitido que muchas constituciones latinoamericanas
incluyeran la diversidad junto con la igualdad legal, real, social y de género (Bareiro y Soto, 2016).
En este sentido, esta particularidad que otorga la igualdad debe ser tomada con cautela. La ausencia implícita de ésta en el
mito de las oportunidades equitativas nos deja ver aquellos supuestos que niegan la realidad de las inequidades relacionadas
a la discriminación sexual, los estereotipos y la subordinación de las mujeres -tanto en ámbitos privados, como el hogar,

En conjunción a esta postura, la Estrategia de Montevideo para la Implementación de la Agenda Regional de Género en el
Marco del Desarrollo Sostenible hacia 2030 (2016) de la CEPAL, plantea que el ejercicio pleno de la ciudadanía femenina estará

como ciudadanas de pleno derecho. Esto podrá lograrse una vez que las distintas formas de representación política postulen
una concepción de desarrollo que incluya a lo privado y no soslaye las diferencias de género.
2. Cuando nos volvimos públicas: políticas sociales sin gafas violetas
La política social posee una relación con el modo de producción y el tipo de sociedad en la que se desarrolla. Podemos observar
en la política social una mediación constitutiva de la reproducción social, en estrecha relación con el modo de producción,
el proyecto de Estado y de la sociedad que se está articulando en la misma. Por esto, es histórica y, en simultáneo, establece

perspectiva.

a las intencionalidades con las que fueron creadas y ejecutadas. En el caso que, desde el ángulo de los intereses del Estado, las
políticas asuman características funcionales al control social y a la propia reproducción de las condiciones de dominación,
también presentan un carácter contradictorio que precisa ser considerado y que hace referencia a la intensidad de las luchas
políticas de los subalternos por la ampliación de los programas y de las políticas de corte social (Yazbek, 2000, p. 126).
En este sentido, también en concordancia con el planteo de este artículo, es importante ver a las políticas sociales como un
conjunto de instrumentos orientados a la compensación de las desigualdades sociales generadas en el ámbito de la esfera

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posicionamiento teórico diferente respecto a la comprensión tradicional de las políticas sociales (Fernandez y Rozas, 2004,
p.154).
Sobre la base de lo expuesto conceptualmente en este apartado, se retoma que la política social es una herramienta que
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el Estado produce para otorgar respuestas a las necesidades de los sectores más vulnerabilizados socialmente. También
es oportuno recalcar que son los sectores populares los que luchan y exigen el cumplimiento de sus derechos que serán
materializados en una política social que los contenga a todos y todas.

el rumbo de las políticas sociales, lo que hace que el Estado deje de ser el responsable de los mecanismos redistributivos que
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2004, p. 2).
Rodríguez Bilella (2004), además, plantea que las políticas sociales “no deben ser consideradas como la simple ejecución de
aquello que ha sido planeado, sino más bien como procesos continuos, negociados, y socialmente construidos que ciertamente
incluyen iniciativas tanto ‘desde abajo como ‘desde arriba’” (p.4).
En este sentido, es interesante analizar la situación de las mujeres que se encuentran atrapadas en el ciclo del empobrecimiento,
en el que carecen de acceso a los recursos y los servicios para cambiar su realidad. Pero, a su vez, claro está que la pobreza y la
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Las mujeres, por ejemplo, sufren los efectos de la pobreza y la exclusión de una manera especial debido al papel que desempeñan
en la sociedad, la comunidad y la familia. Pobreza y exclusión para las mujeres son, además, la falta de seguridad, de voz, de
alternativa; lo que se traduce en marginalidad.

con determinados criterios les correspondería participar” (Arias, 2011, p.50). Ana Arias (2011), por otro lado, plantea que al
hablar de marginalidad entran en juego dos aristas: la comprensión sobre la pobreza como marginalidad implicaba una idea
de desarrollo que ampliaba la mirada hacia un conjunto de experiencias vitales, y por otro lado esta misma consideración
ubicaba al sujeto en el lugar del atraso e implicaba una fuerte carga de desvalorización cultural (p. 63).

ingresos propios, lo que acarrea el riesgo de vivir situaciones de pobreza. Sobre este esquema, se pone especial énfasis en
tratar de entender las demandas de intervención en la complejidad, categoría de análisis que hace referencia a problemas de
la pobreza que no se resuelven inmediatamente por la vía de la distribución de los ingresos. Tampoco lo hacen en aquellas
situaciones de padecimiento subjetivo, relacionado con el deterioro de ciertos vínculos familiares, comunitarios y sociales,

la resolución de estas cuestiones (Gómez, 2008, p. 33).
2.1. Ellas y/en los regímenes de bienestar
En las décadas de los 80 y 90, Latinoamérica ha pasado por diversos ajustes estructurales gracias a políticas neoliberales
privatizaciones, inversiones transnacionales, supresiones de políticas sociales, etcétera- adoptadas por los gobiernos de este
periodo. Estas decisiones políticas, que lejos estuvieron de tener compromiso social, se rigieron por las leyes del mercado.
Ya con la llegada del nuevo milenio y con la asunción de gobiernos populistas , la relación entre Estado-Mercado se desenfocó y
pasó a ser eje central una nueva reciprocidad: Estado-Sociedad. Esta naciente bilateralidad estuvo atravesada por la necesidad
de darle voz a los excluidos, a las minorías, a los vulnerables sociales -en casi todas esas categorías encajan las mujeres-. En
otras palabras, “en las democracias modernas se ha desarrollado un proceso de extensión del derecho a la ciudadanía, a los
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colectivos inicialmente excluidos” (Bareiro, 1997, p.6).
Para vislumbrar cómo es la situación en Latinoamérica es fundamental comprender los cimientos: los regímenes de
bienestar. Éstos son precisamente la constelación de prácticas, normas, discursos relativos a qué le corresponde a quiénes en
la producción del bienestar (Esping-Andersen, 1990). Esping-Andersen (1993) explica que
el Estado del Bienestar no es sólo un mecanismo que interviene en la estructura de la desigualdad y posiblemente la corrige,

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y viudas-; es decir, un modelo patriarcal de protección social (Draibe y Riesco, 2006, p. 40).
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las lógicas de género: a) la situación del trabajo no remunerado; b) la diferenciación y la desigualdad de género en la
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45). Planteos que contrastan con una realidad en la que hay una falta de programas de asistencia social y apoyo a las familias,
un surgimiento de mecanismos políticos -corporativismo, el clientelismo y “máquinas de patronazgo”- que aparecen con la

Este enfoque entra en tensión con lo que postula el ideal de igualdad que plantea cumplir la Convención para la Eliminación
de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW ). Es necesario, entonces, un compromiso real de los Estados
y de los distintos actores involucrados para conjugar la igualdad de voces, problemas y propuestas de todas las personas,
para lograr así eliminar la pobreza y reducir desigualdades (Bareiro y Soto, 2016, p. 3). Para esto deben discutirse objetivos
como: erradicar las desigualdades y brechas de género que repiensan a la política social y el empoderamiento de las mujeres;
analizar el modo de crear e implementar políticas incluyentes que evoquen a la igualdad de género y empoderamiento de
ellas; y, por supuesto, ponderar la transversalización de género en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (Bareiro
y Soto, 2016, p. 3).

género, que es el eje argumentativo de este artículo, es preciso que se produzca un
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en cuestión, tome en consideración las diferencias entre mujeres y hombres, y en un plano causal, analizando los factores
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que hayan sido detectadas. (Bueno Sanchez y Rodríguez 2006, 20)
Entonces, para conseguir un diseño e implementación de políticas sociales se debe erradicar el enfoque mujerista, y así
alcanzar la visión género-transformativa que dará otra perspectiva a las medidas sociales. Un modo de lograr este objetivo
es el de incorporar el ideal de empoderamiento de las mujeres y, por supuesto, de redistribución entre los géneros; también
tener en cuenta la interseccionalidad lograda al transversalizar el género a todas las demás desigualdades (Bareiro y Soto,
2016, p.15).
De hecho, en el caso de las mujeres,
Pizarro, T. M. / Sin gafas violetas. Reexiones sobre la presencia inferida de las mujeres en las políticas sociales | 48-67

TRAMAS SOCIALES Vol. 03 | Revista del Gabinete de Estudios e Investigaciones en Sociología (GEIS)
ISSN: 2683-8095 | http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/tramassociales. Año 03 , Octubre 2023
la condición de ciudadana se ha transformado bajo el signo de procesos sumamente contradictorios: por una parte, como
señala Alda Facio, se ha producido por una planetarización de derechos ciudadanos para las mujeres, a la vez que la noción
de género ha sido apropiada por la oligarquía internacional del BID, el BM, el FMI (Facio, 2001). Mientras los organismos
internacionales presionan sobre los gobiernos para la suscripción de plataformas internacionales, las políticas de ajuste
ligadas a la lógica del neoliberalismo que esos mismos organismos propugnan estrechar los espacios reales de ciudadanización

A., 2003, p. 74)

manifestaciones latentes de las distintas formas sociales y culturales presentes (Rodríguez Bilella, 2004, p. 4).
En tal sentido es interesante observar cómo estas diferencias construidas y jerarquizadas socialmente, permiten presentar
relaciones de género en las que tanto hombres como mujeres establecen propias identidades genéricas; situación que se

un análisis que amplíe la visión de lo político , al enmarcar aspectos que aborden temas que se ubican dentro de aquello que
es invisible, privado e íntimo.
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profundización de la democracia y, con esto, la construcción de Estados incluyentes (Bareiro y Soto, 2016).
En este sentido, nos parece clave subrayar que la desigualdad de género es una de las limitaciones más relevantes de los
sistemas de seguridad social basados en el diseño bismarckiano. Tal como lo expresa Camila Arza (2013) en estos sistemas la
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del hogar -que incluye el cuidado de niños/as o ancianos/as- se encuentra protegida a través de su marido. El derecho a una
pensión en caso de muerte es un ejemplo de esta cobertura “derivada” de la condición familiar.
En este caso, uno de los problemas de este diseño es que responde cada vez menos a la realidad de la organización familiar

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en desventaja. Por ejemplo, acumulan menos aportes y por lo tanto muchas de ellas no logran alcanzar el mínimo requerido
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porque sus aportes y/o ingresos laborales fueron menores. Tal como lo señala el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género
(2011), esto también está relacionado con que el incremento de la sobrevida de los varones sin acrecentar la cobertura de la

tienden a ser unipersonales, lo que “puede traducirse en menor presencia de mujeres dentro del sistema de jubilaciones y
pensiones, lo cual habla de la menor inserción asalariada formal de estas mujeres durante su vida activa” (p. 18).
En esta línea, puede observarse el sesgo de género cuando se pone atención en la manera en que tanto hombres como mujeres
se incorporan a los sistemas de pensiones y jubilaciones: “las mujeres son mayoría entre quienes perciben pensión (ELA, 2008),
lo cual da cuenta de que su ingreso al sistema de seguridad social se hizo como derecho derivado de su vínculo matrimonial
con el asalariado formal, posteriormente jubilado, y no por un derecho propio (Pautassi, 2005)” (ELA, 2011, p. 18).
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Pizarro, T. M. / Sin gafas violetas. Reexiones sobre la presencia inferida de las mujeres en las políticas sociales | 48-67
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